lunes, 1 de agosto de 2011

La era de los zombis


La epidemia se había extendido demasiado deprisa. Aunque al parecer no había habido ninguna víctima mortal. Se contaba que 3 de cada 5 personas estaba en peligro de contraerla. La última vez que oíste la radio decían que la epidemia empezaba a propagarse por América y África. Después de eso te encontrabas demasiado mareado y débil como para seguir las noticias. Uno de tus compañeros de piso fue de los primeros en contraer la epidemia y se fue a que lo cuidaran sus padres. El otro compañero se marchó un buen día sin decirte nada. Ése fue el día en que empezastes a sentir los primeros síntomas de la epidemia. Lamentablemente tus parientes más cercanos fallecieron ya hace un tiempo y tus amigos están también enfermos o cuidando de enfermos, así que no tuvistes a donde ir cuando empezaste a enfermar. Pese a las molestias y al dolor, te lo estabas montando bastante bien. Al principio era fácil conseguir  comida a domicilio pero a medida que pasaban los días eran más los negocios que cerraban.  Después de mucho insistir, conseguistes, a precio de oro, almacenar suficiente comida, agua y analgésicos para una temporadita que esperabas que te durara hasta que se te curaras.


Los días pasaban pero el dolor, las molestias y el mareo persistían. Poner la televisión o la radio era un suplicio por lo que te limitabas a descansar y dormir cuanto te hiciera falta. Pero no estabas desinformado del todo. A veces, por las ventanas, escuchabas gritos, golpes, choques… el caos se estaba afianzando. Sabías que la cosa pintaba mal, así que poco a poco en espacio de unos días conseguistes bloquear las puertas y ventanas con muebles, maderas y clavos por lo que pudiera pasar. Más de una vez oístes gritos y golpes en tu puerta pero los ignorastes.




De repente una tarde después de una sesión intensiva de vómito, tus mareos y tu dolor empiezan a disminuir drásticamente. Parece que la enfermedad esté remitiendo. Te echas un reconstituyente sueño esperando estar mucho mejor al despertar.


Es bien entrada la noche y tú estás plácidamente dormido en tu cama cuando un fuerte estrépito te despierta. Parece como si hubiera habido un accidente de coches justo al lado de tu cama. Sobresaltado te levantas y miras a través de las maderas que bloquean la ventana. Hay dos coches colisionados y por lo que parece iban a bastante velocidad pues el golpe ha sido grande. Te extraña ya que vives en una tranquila residencia a las afueras de la ciudad y los coches no suelen ir rápidos por ahí. Echas un buen vistazo y ves que uno de los coches está incendiándose y hay mucha gente alrededor de él caminando de forma extraña como si estuvieran heridas. Buscas el teléfono e intentas llamar a emergencias pero te sale una grabación avisándote de que todas las líneas están ocupadas. Así que decides vestirte con lo primero que encuentras en el armario y sales corriendo desbloqueando la puerta de tu casa para averiguar qué ha pasado.